martes, 7 de abril de 2015
Parroquia de Santo Toribio (Valladolid)
ENCUENTRO REGIONAL DEL CATEQUISTA EN SEGOVIA
El sábado 18 de abril los
catequistas de Iglesia en
Castilla o Región del
Duero estamos convocados en Segovia para tener nuestro encuentro
anual regional.
El tema de este año
tiene que ver con la exhortación apostólica del papa Francisco, La
Alegría del
Evangelio. “Catequistas con Espíritu”, aludiendo al capítulo quinto
que habla de “evangelizadores con espíritu”; y en que el Santo Padre en su
primera línea explica que: “Evangelizadores
con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del
Espíritu Santo” (EG 259). Aquí el Papa Francisco nos expone “algunas reflexiones
acerca del espíritu de la nueva evangelización” (EG 260).
Acabamos de estrenar la
Pascua , tiempo en el que la Iglesia nos propone gustar que
Jesucristo ha vencido a la muerte. Durante estos días la Palabra de Dios nos irá exponiendo
las acciones de la primera comunidad cristiana y el Evangelio nos irá mostrando
distintos encuentros del Resucitado con personas. Los catequistas
tocados por esta Palabra, hecha carne, seremos capaces de comunicarla con
fuerza, con pasión y con convicción a los demás. Así el encuentro comunitario
con nuestros catequizandos será fruto de esta contemplación, y la Palabra cobrará más fuerza
para provocar verdadera adhesión y cambio de vida, con nuevo espíritu que
promueva un ardor misionero.
Esto es a lo
que aspira la catequesis, a transmitir, por desborde de gratitud y alegría, el
don del encuentro con Jesucristo.
Esta es la
propuesta marco para los catequistas que vayamos a Segovia, donde Don Carlos
Aguilar Grande, delegado diocesano de catequesis de Madrid y profesor de
la Universidad Eclesiástica San Dámaso, nos ayudará con su palabra,
su experiencia y sabiduría.
En este sentido
animo a todos los catequistas y sacerdotes que puedan a acudir a Segovia, donde
también podremos experimentar la presencia de catequistas de otras diócesis. Por
ello también quiere ser un día de convivencia, de oración, aprender cosas nuevas
y celebrar la fe.
domingo, 5 de abril de 2015
FELIZ PASCUA
Con el Domingo de Ramos comenzamos la Semana Santa, semana de Pasión, los cristianos tenemos la oportunidad de acompañar a Jesús el Señor en el momento de su pasión, muerte y Resurrección. Es un tiempo propicio para dejarnos afectar por el dolor que Jesús siente en ese momento. Sería conveniente que sintiéramos el daño que a Jesús le hace pasar por este trance hoy, año 2015.
En el camino de Cristo hacia la cruz, Dios se nos presentará humanamente, le podremos reconocer en el hombre que vive crucificado a causa del pecado o el des-amor, unas veces el pecado a causa de otros y otras veces a causa de sí mismo.
Durante esta semana los vallisoletanos, también, tendremos la oportunidad de contemplar los últimos pasos de la vida de Jesús a pie de calle. La religiosidad popular en toda nuestra diócesis, rica en patrimonio, pondrá delante de nuestros cinco sentidos una auténtica catequesis de fe que nos preparará para el momento más importante que un cristiano puede vivir: la Resurrección del Señor. Así lo expresaba el papa San Juan Pablo II: esta manifestación de la fe, “cuando es genuina, tiene como fuente la fe y, por lo tanto, tiene que ser apreciada y favorecida”. En esta línea, el pontífice reflexionaba sobre la idea de que la religiosidad popular fomenta la fe del pueblo que la considera una expresión específica, pues prepara adecuadamente para la celebración de los sagrados misterios.
No dejemos de contemplar a Cristo que expresa lo que Dios Padre nos dice personalmente a ti, con tu nombre y apellido, a ti, que tienes una historia propia, que Él conoce y que ama. No estás solo, mira a tu alrededor, hay más gente, Jesucristo también nos habla como comunidad. No somos satélites en medio del espacio, sino miembros de un mismo cuerpo, el Cuerpo de Cristo, somos la comunidad que vive de la Pascua.
sábado, 4 de abril de 2015
viernes, 3 de abril de 2015
VIA LUCIS
El tiempo de la cuaresma nos ha ido preparando para la Pascua, la celebración más grande para un cristiano, que hace consciente que Jesucristo ha resucitado y vive para siempre. Esto ha de producir en nosotros mucha alegría, porque no hemos sido abandonados a nuestra suerte, sino que Dios, por medio de Jesucristo, nos ofrece la salvación, la Alianza Eterna. Dios, más que amigo del hombre para siempre, es Padre Eterno desde siempre y para siempre. Al hombre le corresponde, aunque el Señor no se lo exige como condición, amar a su Dios, formar el pueblo de esta Nueva Alianza y celebrar la Pascua en conmemoración suya.
Durante la Cuaresma hemos ido creando en nosotros una expectativa de conversión, ¿por qué?, porque no todo en nuestra vida es luz, paz y gloria, y por ello ha habido que pulir y dejarnos hacer. Hemos acompañado al Señor en su camino hacia la cruz (Vía crucis), nos hemos identificado con cada uno de sus movimientos, palabras, gestos, personajes que iban entrando en la escena, etc. Nos hemos encontrado con nuestras sombras, incluso hemos rechazado a veces la mano, y otras hemos ofrecido resistencias. En el fondo nos hemos ido dando cuenta de quiénes somos, pero con la luz de Dios de lo que estamos llamados a ser; por ello no nos sentimos perdidos en el vacío de nosotros mismos.
Si durante la Cuaresma nos hemos reconciliado con Dios y con su Iglesia, por medio del sacramento –instituido por Jesucristo- habremos sentido la fuerza de la esperanza, del volver a empezar, de la paz, de la presencia de Dios que nos desborda especialmente en medio de nuestra debilidad, de nuestra humanidad. Así es como sentiremos fuertemente la voluntad de dar testimonio alegre de nuestra fe.
Ahora es el tiempo del Via lucis, salir al mundo y dar testimonio de la presencia del Resucitado en nuestras vidas, en nuestros ambientes; dentro y fuera de la Iglesia. Seamos como pequeñas candelas, en medio de tanta oscuridad, que ilumine la Luz del mundo por medio de nosotros, que somos llamados a ser “luz del mundo” (Mt 5, 14). ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN! ALELUYA, ALELUYA.
jueves, 2 de abril de 2015
SACERDOTE - MARTIN VALVERDE (Música Católica)
HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO - Misa Crismal - Jueves Santo 2015
«Lo sostendrá mi mano y le dará fortaleza mi brazo» (Sal 88,22), así piensa el Señor cuando dice para sí: «He encontrado a David mi servidor y con mi aceite santo lo he ungido» (v. 21). Así piensa nuestro Padre cada vez que «encuentra» a un sacerdote. Y agrega más: «Contará con mi amor y mi lealtad. Él me podrá decir: Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva» (v. 25.27).
Es muy hermoso entrar, con el Salmista, en este soliloquio de nuestro Dios. Él habla de nosotros, sus sacerdotes, sus curas; pero no es realmente un soliloquio, no habla solo: es el Padre que le dice a Jesús: «Tus amigos, los que te aman, me podrán decir de una manera especial: ”Tú eres mi Padre”» (cf. Jn 14,21). Y, si el Señor piensa y se preocupa tanto en cómo podrá ayudarnos, es porque sabe que la tarea de ungir al pueblo fiel no es fácil; nos lleva al cansancio y a la fatiga. Lo experimentamos en todas sus formas: desde el cansancio habitual de la tarea apostólica cotidiana hasta el de la enfermedad y la muerte e incluso a la consumación en el martirio.
El cansancio de los sacerdotes... ¿Saben cuántas veces pienso en esto: en el cansancio de todos ustedes? Pienso mucho y ruego a menudo, especialmente cuando el cansado soy yo. Rezo por los que trabajan en medio del pueblo fiel de Dios que les fue confiado, y muchos en lugares muy abandonados y peligrosos. Y nuestro cansancio, queridos sacerdotes, es como el incienso que sube silenciosamente al cielo (cf. Sal 140,2; Ap 8,3-4). Nuestro cansancio va directo al corazón del Padre.
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