viernes, 3 de abril de 2015

VIA LUCIS

           
El tiempo de la cuaresma nos ha ido preparando para la Pascua, la celebración más grande para un cristiano, que hace consciente que Jesucristo ha resucitado y vive para siempre. Esto ha de producir en nosotros mucha alegría, porque no hemos sido abandonados a nuestra suerte, sino que Dios, por medio de Jesucristo, nos ofrece la salvación, la Alianza Eterna. Dios, más que amigo del hombre para siempre, es Padre Eterno desde siempre y para siempre. Al hombre le corresponde, aunque el Señor no se lo exige como condición, amar a su Dios, formar el pueblo de esta Nueva Alianza y celebrar la Pascua en conmemoración suya. 

Durante la Cuaresma hemos ido creando en nosotros una expectativa de conversión, ¿por qué?, porque no todo en nuestra vida es luz, paz y gloria, y por ello ha habido que pulir y dejarnos hacer. Hemos acompañado al Señor en su camino hacia la cruz (Vía crucis), nos hemos identificado con cada uno de sus movimientos, palabras, gestos, personajes que iban entrando en la escena, etc. Nos hemos encontrado con nuestras sombras, incluso hemos rechazado a veces la mano, y otras hemos ofrecido resistencias. En el fondo nos hemos ido dando cuenta de quiénes somos, pero con la luz de Dios de lo que estamos llamados a ser; por ello no nos sentimos perdidos en el vacío de nosotros mismos. 

Si durante la Cuaresma nos hemos reconciliado con Dios y con su Iglesia, por medio del sacramento –instituido por Jesucristo- habremos sentido la fuerza de la esperanza, del volver a empezar, de la paz, de la presencia de Dios que nos desborda especialmente en medio de nuestra debilidad, de nuestra humanidad. Así es como sentiremos fuertemente la voluntad de dar testimonio alegre de nuestra fe.

Ahora es el tiempo del Via lucis, salir al mundo y dar testimonio de la presencia del Resucitado en nuestras vidas, en nuestros ambientes; dentro y fuera de la Iglesia. Seamos como pequeñas candelas, en medio de tanta oscuridad, que ilumine la Luz del mundo por medio de nosotros, que somos llamados a ser “luz del mundo” (Mt 5, 14). ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN! ALELUYA, ALELUYA.

No hay comentarios:

Publicar un comentario