jueves, 17 de abril de 2014

Jueves Santo - Homilía del Santo Padre en la Misa Crismal


Queridos hermanos y hermanas

Celebro con alegría la primera Misa Crismal como Obispo de Roma. Os saludo a todos con afecto, especialmente a vosotros, queridos sacerdotes, que hoy recordáis, como yo, el día de la ordenación.

Las Lecturas nos hablan de los «Ungidos»: el siervo de Yahvé de Isaías, David y Jesús, nuestro Señor. Los tres tienen en común que la unción que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unción es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos... Una imagen muy bella de este «ser para» del santo crisma es la del Salmo: «Es como óleo perfumado sobre la cabeza, que se derrama sobre la barba, la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento» (Sal 133,2). La imagen del óleo que se derrama, que desciende por la barba de Aarón hasta la orla de sus vestidos sagrados, es imagen de la unción sacerdotal que, a través del ungido, llega hasta los confines del universo representado mediante las vestiduras.

La vestimenta sagrada del sumo sacerdote es rica en simbolismos; uno de ellos, es el de los nombres de los hijos de Israel grabados sobre las piedras de ónix que adornaban las hombreras del efod, del que proviene nuestra casulla actual, seis sobre la piedra del hombro derecho y seis sobre la del hombro izquierdo (cf. Ex 28,6-14). También en el pectoral estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel (cf. Ex 28,21). Esto significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón. Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires.

lunes, 14 de abril de 2014

SACRAMENTO DEL PERDÓN

Durante la Cuaresma y ya en los días previos al triduo santo, los cristianos tenemos la oportunidad de celebrar el Sacramento de la Reconciliación. Muchos niños de nuestras catequesis parroquiales lo celebran por vez primera en estos días.

El Señor, a través de la Cuaresma, especialmente en la escucha atenta a Su Palabra, desea pulir el tesoro que habita en nuestro interior y que muchas veces por tantas capas y capas, desconocemos o ignoramos. Somos como diamantes en bruto, oro en lingotes que a través del trabajo, del calor y el crisol pueden ser moldeados, afinados, mostrando la mejor cara de nosotros mismos, no la de la apariencia sino la de la transparencia. 

Algunas asperezas hay que rectificar, también impurezas; unas pertenecen al carácter, otras a la insolidaridad, también a la impaciencia, a lo que pudimos hacer y no hicimos, y a tantas palabras que no pudimos callar. Cómo no limar la falta de fe y de esperanza, también de caridad. Y, qué decir de la tibieza, la soberbia, la hipocresía o el pensar solo en el más acá. La pereza y las pocas ganas, el comportamiento a veces como si no existiera nadie más.

Aprovechemos algún tiempo para ponernos en la presencia de Dios, para dejarnos iluminar por Su Mirada, que es compasiva, misericordiosa y justa. Si nos miramos desde nosotros, nos quedaremos cortos o veremos de más. Si nos dejamos ver por la muchedumbre no veremos a Jesús como Zaqueo (cf. Lc 19, 3). Dejémonos ver por la mirada compasiva de Dios compasivo, misericordiosa de Dios misericordioso; mirada llena de ternura para con todos.

Aunque nos alejemos, Él siempre espera nuestro regreso. Volvamos a la casa del Padre: por estar con Él y también por la fiesta (cf. Lc 15, 11-32).

Mensaje de D. Ricardo para vivir la Semana Santa 2014

domingo, 13 de abril de 2014

Domingo de Ramos - Homilía del Papa Francisco

El Papa Francisco presidió hoy la Misa de Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro, y exhortó a los fieles a cuestionarse en esta Semana Santa quiénes somos ante Jesús que sufre, si nos parecemos a Pilato, a Judas o a Santa María.

A continuación, ACI Prensa les ofrece el texto completo de la homilía del Papa Francisco, gracias a la traducción de Radio Vaticano:

Esta semana comienza con una procesión festiva con ramas de olivo: todo el pueblo acoge a Jesús. Los niños y los jóvenes cantan, alaban a Jesús. Pero esta semana va adelante en el misterio de la muerte de Jesús y de su resurrección.

Hemos escuchado la Pasión del Señor. Nos hará bien preguntarnos ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo ante mi Señor? ¿Quién soy yo, delante de Jesús entrando en Jerusalén en este día de fiesta? ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo? ¿O tomo las distancias?

¿Quién soy yo, delante de Jesús que sufre? Hemos oído muchos nombres: tantos nombres.

El grupo de líderes religiosos, algunos sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley que había decidido matarlo. Estaban esperando la oportunidad de apresarlo ¿Soy yo como uno de ellos? Incluso hemos oído otro nombre: Judas. 30 monedas.

¿Yo soy como Judas? Hemos escuchado otros nombres: los discípulos que no entendían nada, que se quedaron dormidos mientras el Señor sufría.

¿Mi vida está dormida? ¿O soy como los discípulos, que no entendían lo que era traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería resolver todo con la espada: soy yo como ellos? ¿Yo soy como Judas, que finge amar y besa Maestro para entregarlo, para traicionarlo? ¿Soy yo, un traidor? ¿Soy como aquellos líderes religiosos que tienen prisa en organizar un tribunal y buscan falsos testigos? ¿Soy yo como ellos?

Y cuando hago estas cosas, si las hago, ¿creo que con esto salvo al pueblo? ¿Soy yo como Pilato que cuando veo que la situación es difícil, me lavo las manos y no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar – o condeno yo – a las personas?

¿Soy yo como aquella muchedumbre que no sabía bien si estaba en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elije a Barrabás?

Para ellos es lo mismo: era más divertido, para humillar a Jesús. ¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor? ¿Soy yo como el Cireneo que regresaba del trabajo, fatigado, pero que tuvo la buena volunta de ayudar al Señor a llevar la cruz?

¿Soy yo como aquellos que pasaban delante de la Cruz y se burlaban de Jesús?: “¡Pero... tan valeroso! ¡Que descienda de la cruz, y nosotros creeremos en Él!”.

La burla a Jesús… ¿Soy yo como aquellas mujeres valientes, y como la mamá de Jesús, que estaba allí, y sufrían en silencio? ¿Soy yo como José, el discípulo escondido, que lleva el cuerpo de Jesús con amor, para darle sepultura?

¿Soy yo como estas dos Marías, que permanecen en la puerta del Sepulcro, llorando, rezando? ¿Soy yo como estos dirigentes que al día siguiente fueron a los de Pilato para decir: “Pero, mira que éste decía que habría resucitado; pero que no venga otro engaño”, y frenan la vida, bloquean el sepulcro para defender la doctrina, para que la vida no salga afuera? ¿Dónde está mi corazón? ¿A cuál de éstas personas yo me parezco?

Que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana.