Una treintena de diáconos/sacerdotes (que incluye a los miembros de las distintas delegaciones diocesanas de catequesis) de Iglesia en Castilla se encuentran reunidos en Villagarcía de Campos para reflexionar en torno a un tema de vital importancia para nosotros: "Los sacerdotes que ayudan a las familias a transmitir la fe". Se trata de un segundo encuentro, que sigue al primero del año 2013.
D. Antonio Ávila Blanco, profesor del Instituto de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca en Madrid nos anima con su experiencia y conocimiento.
Vivimos tiempos nuevos, cada momento es nuevo, reciente, el catequista habrá de estar, por el Espíritu, inspirado para acompañar a las familias en la transmisión de la fe; igualmente los sacerdotes, como párrocos, animadores de las comunidades parroquiales.
Está claro que pasamos de una Iglesia de mayorías (de cristiandad) a uno de minorías (con proyecto familiar con responsabilidad). En medio de este tiempo, los catequistas ni los maestros no son responsables de la educación cristiana de los hijos, sino los padres; habremos de ser muy cautelosos para no entrometernos. En el calor del hogar es donde primeramente se recibe la transmisión de la fe, donde lo importante no son las verdades de fe sino abrirnos a la experiencia (cf. Papa Francisco).
El Papa Francisco nos expuso su programa pastoral para la Iglesia Universal en su exhortación postsinodal La Alegría del Evangelio y que de una manera muy concreta, para la familia, se desarrolló en Amoris Laetitia (Sobre el Amor en la familia).
En la situación actual de la Iglesia con respecto a la sociedad tiene que ver con que haya cierto distanciamiento entre ambas. La sociedad pretende asumir la práctica de la Iglesia sin contar con ella. Esta caída es muy fuerte en España, desde los años 60. Ahora nos encontramos con una segunda caída, probablemente los jóvenes de aquella generación son los abuelos de hoy. Aunque estadísticamente es mayoritariamente la población cristiana, en España los creyentes comenzamos a ser minoría. Ha cambiado la orientación y la presión social: "¿pero tú todavía sigues yendo a Misa?", fruto de una sociedad postcristiana.


