lunes, 22 de agosto de 2016

CRACOVIA 2016: “UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE”

Si tuviera que catalogar con una expresión lo que viví en la JMJ 2016, fue como una “experiencia inolvidable”. Desde que salimos el 17 de julio, hasta que llegamos el día 3 de agosto, toda mi vida lo recordaré como el paso de Dios por mí a través de todo lo que Él me puso delante.

Un autobús lleno de jóvenes, acompañados por cinco sacerdotes, también jóvenes, de nuestra diócesis partimos hacia Cracovia, llenos de alegría y con gran ilusión. Todos nosotros convocados por el Santo Padre, Papa Francisco, para encontrarnos con él, con una gran multitud de jóvenes de todo el mundo, para ser confirmados en la fe y celebrar el gran jubileo de los jóvenes en este Año de la Misericordia. 

El mensaje del Papa para esta convocatoria tenía por lema: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5, 7). La misericordia, por tanto, la dama de la fiesta; pues esta fue la fiesta de los jóvenes para celebrar la misericordia. En todo momento pudimos vivir esta gran fiesta con mucha alegría, la misma que tiene el Padre, de la parábola (cf. Lc 15, 11-32), cuando regresa su hijo perdido, y la misma con la vive el hijo, al regresar a la casa paterna.

El itinerario que emprendimos los jóvenes de Valladolid, unidos muy de cerca a los de otras diócesis españolas como, Astorga, Ciudad Rodrigo, Zamora, Burgos, Coria-Cáceres, Toledo, así como al resto de jóvenes del mundo, fue en una doble dirección: hacia dentro y hacia fuera.

Hacia fuera porque hicimos un recorrido, con un itinerario concreto, especialmente por nuestro paso por algunas ciudades de algunos países de Europa central (Berlín, Dresde, Praga, Poznan, Czestochowa, Auschwitz, Boschnia, Cracovia y Viena), y hacia dentro, porque ese recorrido no solo fue turístico, sino con él se nos quiso aportar una gran dosis de realidad como soporte para nuestra vida de fe.

Cada uno de esos sitios nos han ayudado a configurar dentro de nosotros una posición ante el pecado, el reverso de la misericordia, y para luchar contra el pecado con las armas del Amor y, valga la redundancia, la misericordia. 

Hemos escuchado a lo largo de estos días, en las catequesis, en las homilías de la Eucaristía, que el hombre cuando se aparta de Dios, cuando intenta construir un mundo sin Dios, más bien consigue la deshumanización. Berlín reconstruida desde la nada, así nosotros muchas veces nada, polvo, ceniza, barro, fango, con la gracia de Dios, deseamos ser reconstruidos y volver a ser lo que éramos desde los orígenes. Czestochowa, Santuario de la Virgen, lugar de múltiples guerras, se convierte en referente de un país para venerar a la Madre de la Paz. Auschwitz, centro del odio, del pecado, de la maldad de la que se puede ser capaz, camino para en silencio solamente orar, rezar por las víctimas, así como por sus verdugos, etc. etc. Todos estos lugares, muchas veces llenos de contrastes, como la vida misma, pues el trigo nace junto a la cizaña y ambos conviven juntos, pero la buena labor del agricultor está en discernir la una de la otra. 

El papa Francisco en el Viacrucis, con previa enumeración del mal en el mundo, se preguntaba: ¿Dónde está Dios cuando el hombre sufre? Y la respuesta de Francisco fue: “Jesús está en ellos, sufre en ellos, se identifica con cada uno”. Y a continuación invitó a los jóvenes a desvivirse generosamente por los demás, pues “quien no vive para servir, no sirve para vivir”. 

Al día siguiente el Santo Padre, en la Vigilia de Oración, escuchó el testimonio de algunos jóvenes. Dicho testimonio le interpeló en sus palabras, para invitar a los jóvenes a ser conciliadores, pues aun llegando de muchas naciones que pueden estar en guerra entre ellas, los jóvenes allí reunidos son testigos del amor, de la misericordia y la paz. Por eso el papa habló de distintas parálisis: la de sentirnos paralizados y la otra, aun peor, que es la que conlleva estar tirados en el sillón, la parálisis de la comodidad.

Junto a las palabras en la Eucaristía del envío, todos nosotros trajimos en nuestras mochilas, la presencia de Dios que se hace hombre en cada uno de nosotros, como somos, como vivimos, con nuestras culturas, aspectos, etc. y que es redentor del género humano.

miércoles, 10 de agosto de 2016

PEZ ESPECIAL DE VERANO

PEZ ESPECIAL DE VERANO

Un grupo de niños, con sus catequistas en el campamento de verano, han realizado -como un taller de dicho campamento- un "PEZ ESPECIAL DE VERANO", que divulgaremos para todos solo en formato digital. Agradecemos la iniciativa tanto de los catequistas, como la ejecución de los muchachos en el campamento.


martes, 5 de julio de 2016

VERANO: NO PIERDAS EL TIEMPO


            El tiempo estival es muy largo, pero si no se aprovecha el tiempo pasará en balde. Nos podemos hacer muchos propósitos para el verano, como leer un libro, llevar al día el trato de amistad con el Señor, celebrar la Eucaristía diariamente, o al menos dominical mente, hacer ejercicios espirituales, etc. Todo esto está muy bien, pero este verano que se atañe al Año de la Misericordia te invito a hacer una buena confesión.
            Precisamente celebrar el sacramento de la misericordia te ayudará a crecer en el Amor de Dios, en el camino de la conversión, y podrás centrar tu vida para vivir con mayor orden y a la larga de una manera más feliz.
            Estaríamos muy equivocados si pensáramos que la vida ha de seguir la máxima de comamos y bebamos que mañana moriremos (carpe diem). Nuestro corazón anhela la felicidad más plena, más a larga. Jesús el Señor nos la propone hasta la vida eterna.
            Busca tiempos para meditar la Palabra de Dios, contémplala, no tengas prisa, ilumina tu vida desde esa Palabra, pues es Dios mismo quien se refleja en tu vida. Si no existe esa Luz, corres el riesgo de equivocarte: si no tengo pecados, si lo mío no tiene perdón de Dios, perdono, pero no olvido, me confieso directamente con Dios, etc. Si te dejas mirar por la mirada misericordiosa de Dios, podrás disfrutar con la conciencia tranquila, en paz, y podrás incluso transformarte desde esos ojos llenos de misericordia que te miran como hij@.

            La confesión nos renueva en el proceso de nuestra conversión. Este sacramento no exige listas de espera, no requiere citas previas, siempre hay un sacerdote dispuesto para administrar la gracia de Dios. No dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy. Pero no olvides, que antes, has de pedir luz, para dejarte iluminar por la Luz que te ayuda a revisar tu vida justamente. Ánimo, tu vida quedará en paz e irradiará paz a los demás.