jueves, 24 de noviembre de 2022

Con atención e intención - 3º Domingo Adviento, Ciclo A

Tiempo de esperanza - 2º Domingo de Adviento, Ciclo A

Palabras como regalos - 2º Domingo de Adviento, Ciclo A

PREGÓN DEL ADVIENTO


                                       
¡Pregona al viento

el rumor de Dios!
¡Pregona al viento, profeta,
la cercanía de Dios...!
¿Para qué anunciar a Dios
si ya tienen su dios
y no necesitan un Dios
que destrone diosecillos?
¿Para qué hablar de Dios hoy
si se venden dioses por todos los rincones,
si de cualquier cosa
fabricamos un dios?
¿Para qué hablar de Dios?
—¡Déjame en paz! ¡No me cuentes historias!
¿Para qué hablar de Dios?
Porque hay muchos dioses
a medida de los solos gustos...
Porque hay muchos dioses
a medida de lo que el cuerpo pide...
Porque hay muchos dioses
tan pequeños como nuestros antojos...
Porque hay muchos dioses
que no dan la talla...
¡Grita! ¡Anuncia y denuncia!
¡Abrid los ojos!
¡Daos cuenta del momento presente!
Escucha las palabras de tu silencio.
Escucha las palabras de hondas
del silencio de hombres y mujeres
doloridos, silenciosos, aplastados...
Escucha lo que no quieres escuchar
porque te da miedo la verdad...
Escucha, si puedes,
el clamor prendido en la percha el aire
con gemidos de angustia,
con preguntas sin respuesta,
con palabras sin destino,
con engaños que hacen daño...
Escucha lo que no quieres escuchar...
¡¡Escúchate!!
¡Abre los ojos!
Esa pregunta es camino de novedad...
Esa mirada es camino por donde viene...
Esos ojos cansados de ver, pueden admirar...
Esa vida sin sentido, tiene tarea y quehacer...
¡Abre los ojos!
Sí, es posible algo nuevo y diferente.
Sí, es posible invocar y mirar al cielo.
Sí, es posible ver el rostro de Dios cercano.
Sí, es posible
en el momento que menos lo pienses,
al alba, en pleno día,
al caer de la tarde y en noche cerrada
escuchar y voz
y acoger su palabra.
Sí, es posible
que su luz te cubra
y lo que antes te daba tedio
se convierta que manantial de vida.
Sí, es posible
abrir los ojos y contemplar
la Luz que viene,
la Luz que está,
la Luz que te ilumina.
¡Pregona al viento
el rumor de Dios!
¡Pregona al viento, profeta,
la cercanía de Dios...!

Espera - 1º Domingo de Adviento, Ciclo A - EVD

Luces - 1º Domingo de Adviento, Ciclo A - EVD

miércoles, 23 de noviembre de 2022

ESPERANZA

 Antes de Cristo, los hebreos fueron un pueblo muy sufrido, recordemos -por ejemplo- la esclavitud en Egipto, el camino por el desierto, el hambre, la sed, etc. Lo único que los sostenía era su fe en Dios y su esperanza en la llegada del Mesías. Como sabemos: Mesías, en hebreo, o Cristo, en griego, significa “ungido; es decir, el elegido de Dios y lleno del Espíritu del Señor. La promesa para este pueblo consistía en que llegaría el Mesías como el liberador de Israel, ungido para ser sacerdote, profeta y rey.

Análogamente, los cristianos cada año revivimos el acontecimiento del Mesías, pues para nosotros Él ya llegó y se encarnó. El tiempo del Adviento rememoramos aquel momento transcendental que llamamos Navidad: la Encarnación del Verbo de Dios. Por tanto, Adviento, es el tiempo, en el que, como Iglesia en camino, nos unimos a María embarazada en la dulce espera de Jesús. Y como los pastores y los Magos de Oriente, y una multitud de gente que nos ha precedido en la Historia de la Salvación, nos preparamos con oración y buenas obras para recibirlo. Nuestra ofrenda de Amor es respuesta a la consciencia de que Dios existe, sino que nos habita, ha acampado en nosotros y lo mejor es que para Él nosotros sí existimos, somos su Pueblo.

Si hay una actitud característica de este tiempo es la esperanza. Decimos con San Pablo que sin Resurrección vana sería nuestra fe, también podríamos decir que sin esperanza no hay catequesis. La catequesis desea suscitar esa esperanza, pues también necesitamos un proceso para aquellos que se inician cristianamente, al modo de los israelitas, que tenían sus guías y que los llevaban por el camino de la Luz, ante tanta incertidumbre con la que se topaban. Estos guías no eran solo líderes sino testigos, portadores del amor de Dios, de ahí su fidelidad a Dios y al pueblo: guardaban una unidad.

También la Iglesia habrá de aguardar con esperanza -durante este Adviento- la llegada del Salvador. El Sínodo del año 2023 nos debería animar a que esa esperanza aflore en la Iglesia y nos haga vivir la corresponsabilidad.