Durante este tiempo navideño he recibido dos grandes
catequesis en espacio público: la primera en el Teatro Auditorio de la villa de
Íscar y, la segunda, en una carpa del recinto ferial IFEMA en Madrid. Se trata
del Festival de Navidad de catequesis de mi parroquia; y, del musical 33. Los
catequistas echaron el resto en la preparación de dicho festival y Toño Casado,
sacerdote diocesano de Madrid, con mucho aire salesiano, autor de 33, vio
cumplido su deseo de dar a conocer a Jesús el Señor.
Al final del Musical
33 los actores, los músicos, los técnicos, etc. saludaron con gran ovación de
los espectadores, entre los que se veían muchas religiosas, unas 70 procedentes
de nuestra diócesis, en viaje de la CONFER, también se veían familias y
jóvenes, entre los cuales también estábamos un autobús de las parroquias del
arciprestazgo Pinares de Valladolid. Se entregaron cuatro cheques con el 33% de
la recaudación de esa sesión, unos 10.000€, destinados para distintas ONG´s o
entidades como Escuelas Católicas, Cáritas Diocesana de Madrid, Mensajeros de la Paz, etc. Finalmente,
el autor nos transmitió su deseo de felicidad para el Año Nuevo, así como su
deseo más grande de transmitir a los demás lo allí vivido: El Amor salva a las
personas. Estamos hechos para ser felices. Jesús nos enseña todos esto. Pasemos
por el mundo ayudándonos unos a otros. Y, a modo de envío nos dijo: “contádselo
a los demás”. Y en ello estoy.
Tal y como lo veo yo, 33 es un magnífico proyecto que
transmite parte de la actualidad de nuestro Dios y todo lo que gira alrededor
de Él, como es la Religión. Creo que todavía hoy nos cuesta mucho a los
creyentes el poder concretar la Encarnación de Dios: Dios se ha hecho hombre, se
ha hecho uno de nosotros, es Dios-con-nosotros. Pero nos cuesta la integración
humano-divina, es decir, nos cuesta reflejar la fe en la vida. Y esto,
actualmente, para muchos es motivo de escándalo, como lo fue en tiempo de Jesús
de Nazaret. La enseñanza de Jesús, como Maestro de Religión, se concreta en que
el Amor a Dios se expresa en el Amor al Prójimo. Él, ya en su tiempo nos abrió
a todos los sentidos para que pudiéramos contemplar la realidad, para que le pudiéramos
reconocer en la cotidianidad, en las relaciones trabadas con los demás, al
partir el pan, al compartir la mesa con los más desfavorecidos, al escuchar su
Palabra, al hablar con Él, al celebrarle, al hacer denuncia social, al ser
crítico con la religión del momento, etc. Pero nos invitó a lo que San Ignacio
de Loyola llamó “reflectir para sacar
algún provecho” [EE 107].
Es
decir, todo lo que Jesús hizo y dijo, estuvo muy bien, como lo vivieron todos
sus discípulos y todas aquellas personas que le siguieron más cerca o más
lejos, pero es que ¿todo quedó truncado por la muerte en Cruz? ¿Perdimos la
esperanza que habíamos puesto en Él? Sinceramente ¡no!, pues sin la Resurrección
vana sería nuestra esperanza (cf. 1Cor 15, 4). Ahí está nuestro momento, el tiempo
del Espíritu de Dios, el que mueve ahora también a la Iglesia a dar testimonio
de la fe, por muy pequeña que esta sea, para que no caigamos en los mismos
errores (tentaciones) de la sociedad del tiempo de Jesús, y podamos guiarnos
por el Amor que es el mismo Dios. Por ello los seguidores de Jesús, tenemos el
deber de vivir unidos y salir a anunciar que Jesús es el Señor, como nos invita
tantas veces el Papa Francisco (“Iglesia en salida”), y acudir a las “periferias
existenciales” y a no recluirnos solo al calor de nuestros templos, pero sí que
en ellos recibamos la Gracia para continuar la Misión del Señor por el mundo.
El
“más de lo mismo” creo sinceramente que no nos ayudará. El Evangelio nos
muestra a Jesús como “camino, verdad y vida” (Jn 14, 6), mirémonos desde Él y
hagamos su voluntad: que os améis como Yo os he amado (cf. Jn 15, 12-14).
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