viernes, 1 de enero de 2016

María, madre, modelo y maestra de los catequistas


María, mamá de Jesús,
Señora
de la entrega generosa.
Tú nos muestras
el rostro materno
del Dios bueno, que es padre
y madre de todos,
que hizo los cielos y la tierra,
que nos regaló el universo
y la vida,
que nos ofrece su amor
para compartir con él
sus anhelos, su esperanza,
su proyecto.

María, modelo para seguir,
Señora del testimonio fiel.
Tú nos señalas
por donde pasa el evangelio
en nuestros días.
Tú nos muestras cómo vivir
tras los pasos de tu hijo
en nuestra historia.
En tu vida,
llevaste a la práctica
la fe de Jesús,
la hiciste carne
en tu propio cuerpo,
y por eso, te llamamos feliz,
dichosa, bienaventurada,
porque el Señor
hizo en ti maravillas.

María, modelo de apertura
a la irrupción de Dios
y sus llamados;
modelo de escucha
atenta a la Palabra,
para guardarla,
para meditarla,
para encontrar en ella
el sentido, la fuerza,
el camino;
modelo de entrega,
generosa, sin retaceos,
donación total y gratuita,
libre en las manos de Dios,
para hacer su voluntad
y generar vida;
modelo de seguimiento
en la adversidad,
en el silencio de Dios,
fortaleciendo la fe
en la paciencia histórica,
y la confianza
en los planes de Dios;
modelo de solidaridad,
de amor eficaz,
comprometido,
lleno de compasión
y misericordia,
como el amor de Jesús,
pronto a la acción
y al servicio.

María,
maestra y pedagoga de la fe,
Señora del Espíritu.
Tú nos enseñas
a conocer a Dios
y a sus caminos.
Tú vas abriendo huellas,
señalando rumbos,
esclareciendo horizontes.
Acompaña nuestra marcha,
camina cerca nuestro,
ayúdanos a discernir
lo que Dios quiere y busca
de nosotros,
enséñanos cómo
y dónde buscar
a Dios y a su proyecto.
Danos fuerzas
para conformar
nuestra vida al Evangelio
y producir frutos
de vida nueva
en nuestras comunidades.



María,
tú eres madre,
modelo y maestra
de los catequistas.
Junto a tí
queremos aprender
a vivir
y a transmitir el evangelio.
Ilumina nuestro caminar
para encontrarnos con
el rostro del Padre.
Que seamos, como vos,
generadores
de la vida de Dios.
Alienta nuestra entrega
para vivir como Jesús.
Para actualizar sus actitudes,
para concretar sus opciones,
para sentir, creer y actuar
como tu hijo.
Que seamos como vos,
testigos activos del Evangelio
y del Reino.
Conduce nuestros encuentros
para enseñar con fidelidad
la vida del Espíritu.
Para hacer nacer la fe,
para activar la solidaridad,
para motivar la oración,
para convocar
al compromiso,
para hacer concreto el amor,
para mantener
viva la esperanza.
Que seamos como vos,
espejos vivientes
del Dios del Magnificat.

María, madre en la fe,
modelo en el amor,
maestra en la esperanza,
Señora del Espíritu,
camina con nosotros
hacia el Reino de Jesús.







Marcelo A. Murúa

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