miércoles, 1 de octubre de 2014

LA DULCE Y CONFORTADORA ALEGRÍA DE EVANGELIZAR


Así comienza la segunda parte de la exhortación apostólica del papa Francisco: La alegría del Evangelio.
            Encontrarse con el Señor produce tal alegría que es el origen de nuestra misión como cristianos. Jesús se hace el encontradizo en medio de nuestro camino. Su conversación es dulce y cautivadora, estar con Él da paz y anima el corazón. Su presencia abraza y quien se deja abarcar se siente llamado a evangelizar, es decir, a anunciar la Buena Noticia de la salvación.
            Quien tiene esta experiencia de Dios se vuelve más sensible  ante las necesidades de los demás. El que bebe de esta fuente espiritual quiere vivir en plenitud y se siente impulsado a reconocer al otro y buscar su bien. Quien disfruta más de la vida no es quien se cierra en sí mismo y piensa en su bien sino quien se apasiona en la misión de comunicar vida a los demás.
            Sería bueno que comprendiéramos y experimentáramos que la vida se alcanza en la medida que esta se entrega para dar más vida a otros.
            En este sentido, como dice el santo Padre, no caben “caras de funeral” en la Iglesia porque –por lo que hemos dicho ya– la evangelización debería irradiar la alegría de haberse encontrado con Cristo.
            La Iglesia espera de nosotros una entrega generosa que nada tiene que ver con una heroica tarea personal; la misión es ante todo y siempre obra de Dios. Dios nos ha llamado a colaborar con Él y enviarnos con la fuerza de su Espíritu.


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